Y la verdad es que a Wan, acostumbrado a crear atmosferas y manejarse con presupuestos más modestos, no le tiembla el pulso a la hora de rodar las set pieces, echando toda la carne en el asador y entregándonos unas escenas de acción que quitan el hipo, rizando el rizo, y poniendo el límite de la verosimilitud bajo mínimos.