La mujer, al lado de un hombre así, se relaja, deja de tener miedo a que la vuelvan a maltratar, abusar de ella o despreciarla… y saca su encanto femenino, dejando florecer poco a poco a la diosa que hay en ella. El hombre ante este espectáculo se rinde y honra su femenino, su belleza, su forma de ser, de mujer y de diosa.