Un exceso de toxinas puede hacer que nuestra «maquinaria» tenga que realizar un sobreesfuerzo para eliminarlas. Ante esta situación, pueden surgir problemas como las digestiones pesadas, la retención de líquidos, la aparición de cúmulos grasos, que, incluso, pueden derivar en enfermedades relacionadas con hígado, riñones o vesícula, los «filtros» principales de nuestro cuerpo.