Las secuelas fueron diversas, aunque ya desde la segunda (obra de James Cameron, uno de los directores más sobrevalorados de la historia del cine) el enfoque viró hacia un protagonismo mayor de la acción (con múltiples aliens en pantalla), lo que les restó enteros a pesar del buen hacer de directores como Jean-Pierre Jeunet o David Fincher (de Prometheus, ese bodrio pseudo-filosófico que Scott se ha sacado de la manga hace poco y que casi revienta la gracia de la película original, mejor ni hablamos).