Tal sorpresa causó en mi ser dicha lectura que decidí hacer mi propio experimento sobre la cuestión.
Llamé a mi amiga Bárbara, mi comodín cuando quiero salir a ligar. Lo suyo es muy fuerte, arrasa por donde pasa. Todos los tíos del mundo se giran ante su presencia, y no hay día del año que llegue a casa sin que le hayan pedido su teléfono tres veces como mínimo.