Luego, fuimos a una terraza a tomar algo, donde de nuevo Bárbara se llevó el teléfono del camarero. Y el del chico de la mesa de al lado, que no paraba de guiñarle un ojo y hacerle gestos obscenos con la lengua.
Luego, fuimos a una terraza a tomar algo, donde de nuevo Bárbara se llevó el teléfono del camarero. Y el del chico de la mesa de al lado, que no paraba de guiñarle un ojo y hacerle gestos obscenos con la lengua.