Si hay un género en el mundo de los videojuegos que atrae tanto a jugadores habituales como a ocasionales, ese es el de los simuladores de conducción. La posibilidad de tomar el control de máquinas que en la vida real resultan prohibitivas y lanzarse a toda velocidad por paisajes de ensueño en carreras frenéticas es algo que, quien más quien menos, todos queremos probar.