Es un mito que los hombres siempre tengan ganas de hacerlo. Hay miles de factores a tener en cuenta. Mis ex me llegaron a decir que no por «estrés en el trabajo» o por «problemas de dinero«. Un amigo, incluso me reconoció no poder hacerlo si su sistema endocrino no había hecho los deberes correctamente. Si tenéis más razones (o excusas) os invito a compartirlas. Pero al margen de problemas fisiológicos o excusas, la teoría de los opuestos es clave para determinar las ganas del uno y las ganas del otro.