A pesar de que en la sociedad contemporánea la búsqueda constante de la regla es premiada, reproducida como deseable y única, mientras sus excepciones son castigadas y consideradas desviaciones propias de individuos inferiores. La orientación sexual debería ser una cuestión trascendental que delinea la identidad de cada persona; no una declaración ideológica o inherente a cualquier credo. Esta directriz formada por el contexto social, experiencias, decisiones, preferencias personales y un sinfín de componentes complejos, debe ser respetada sin importar las preferencias de los demás.