El padre se limita a suspirar y alejarse de la mesa sin decir palabra dejando al chico aturdido y angustiado. Al poco regresa con su propia bebida y tomando el bolígrafo añade unas palabras al texto que había escrito su hijo, la frase resultante es: “Acepto que te gusten los chicos”. El muchacho emocionado apenas puede contener las lágrimas. En 90 segundos se nos narra una historia sencilla y emotiva que también nos provoca un nudo en la garganta.