Una de las particularidades más llamativas de San Martín es que, mientras estamos sentados sobre la arena de su playa céntrica saboreando un delicioso daiquiri, prácticamente podemos tocar con las manos a aquellos aviones comerciales que aterrizan en su aeropuerto. El hecho de que sus turbinas pasen a unas pocas decenas de metros por encima de nuestras cabezas, lo convierte en una atracción más que se suma a las que ya posee la isla.