Muchos de los que caen en dicho mal, tienen una visión negativa de sí mismos y de todo lo que les sucede. Como consecuencia, su capacidad de concentración se limita considerablemente y los síntomas de cansancio, angustia, dificultad para conciliar el sueño y el bajón general, son algunas de las manifestaciones psicológicas del supuesto “desdichado” que debe volver a la rutina.
Este fenómeno se da más frecuentemente en aquellas personas que perciben la vuelta al trabajo como algo negativo, por el simple hecho de que no disfrutan de él durante el resto del año, además de no tener en cuenta que no sólo en verano y de vacaciones se puede disfrutar de la vida. Este concepto les genera mucho estrés, angustia, y una desgana difícil de sobrellevar.