Los afectados por este síndrome, que más que una enfermedad es un estado de ánimo, sienten un torrente en el que se empiezan a cuestionar por qué no resolvieron tales o cuales problemas antes de emprender sus vacaciones, por qué las mismas fueron tan cortas, se reniegan porque no saben por dónde empezar, y se ven invadidos por el mal humor y la incomodidad.