
Estrechar la mano de alguien con las uñas mordidas, agrietadas o con manchas blancas o amarillentas no es el mejor comienzo para una relación de negocios o de amistad. Revísalas con asiduidad (una vez en semana) y comprueba que están en perfecto estado de revista. En ellas, está, en parte, el secreto de unas manos bonitas.