No todas son iguales y conviene conocerlas un poco mejor para saber cuál elegir, cuál es la que mayores beneficios puede aportarte según tus propias características. La arcilla tiene una serie de propiedades generales que hacen que siga formando parte de la cosmética más innovadora.
- Los minerales son la clave de su composición: magnesio, silicio, potasio, sodio, hidróxido de hierro… sustancias capaces de revitalizar la piel y de devolverle toda su luminosidad.
- Dada su particular textura, su capacidad de absorción es uno de sus principales valores. En el campo de la belleza, una mascarilla de arcilla puede lograr «captar» las toxinas, impurezas y grasas, principales responsables de un rostro apagado y de otros problemas como el acné o los puntos negros.
- Aplicadas en envolturas, incrementan el calor corporal provocando efectos beneficiosos en el sistema circulatorio (vasodilatación) y consiguiendo, también, una «movilización» de las grasas localizadas.
- Capacidad antiinflamatoria, antibacteriana, calmante y cicatrizante… todas cualidades especialmente importantes a la hora de tratar una piel «castigada» por el afeitado.
- Poder remineralizante. El contacto de la arcilla con la piel tiene un doble efecto. Por un lado, se produce la absorción de las impurezas cutáneas, pero, por otro, pasados unos minutos, también la piel absorbe esa riqueza mineral que contiene la arcilla consiguiendo un beneficio general para todo el organismo. Esos micronutrientes, que son los minerales, no solo alimentarán las capas más externas de la piel, sino todas nuestras células.