Sus síntomas principales incluyen ataques de pánico agudos, dificultad para respirar, sudoración excesiva, vértigo, náuseas y vómitos, palpitaciones y afasia (dificultad para hablar). La terapia consiste en afrontar los propios temores pero también pueden ser útiles las disciplinas que regulan las energías internas del cuerpo humano.