Y es que esta serie, por su enrevesado argumento, obviamente da rienda suelta a la creatividad de los guionistas a la hora de plantear escenarios de lo más rocambolescos. Juegan con el extremo bipolarismo que se deriva de la situación de sus protagonistas, que siguen luchando por un régimen ya en las últimas pero plenamente integrados en una realidad norteamericana, que la verdad, comparada con lo que vivieron en Rusia natal, no está nada mal.