El contrapunto norteamericano lo encontramos en su vecino, íntegro e imperturbable investigador del FBI tras el rastro de estos huidizos agentes dobles que viven justo en frente de su casa. Nuestro amigo estadounidense no se libra tampoco de las complicaciones del contraespionaje al enredarse en un tórrida relación con una trabajadora de la embajada soviética, atrapada a su vez en la tupida red de espionaje y contraespionaje que caracterizó a realidad diplomática entre las dos potencias durante más de 40 años.