Otra de mis historias digna de ser contada es la de mi gran amante platónico. Desde que tengo uso de razón, siempre he dicho que era mi prototipo físico de hombre, incluso antes de conocerlo. No me acuerdo del día en que empezamos a hablar, ni del que se convirtió en colega, pero sí recuerdo el día que empezó a surgir la chispa. Habían pasado un montón de meses sin saber nada el uno del otro, y su mirada para conmigo había cambiado, y sus gestos, y su todo.