Tensión sexual no resuelta

El capullo sabía cómo alimentar aquello. Le encantaba quedarse a medio palmo de mi boca, sin decir ni hacer nada, solo mirarme a los ojos. No sé los meses, años diría, que estuvimos así, odiándonos y deseándonos, pero sin que ninguno pasara la frontera del medio palmo. Hasta que un día tonto, en plena bajona por mi ruptura con un ex, rompí la barrera y nos besamos como si se acabara el mundo. El polvo fue igual de salvaje, de esos que recuerdas toda tu vida, pero con él se fue el deseo y entre nosotros solo quedó el odio.

Otra de mis historias digna de ser contada es la de mi gran amante platónico. Desde que tengo uso de razón, siempre he dicho que era mi prototipo físico de hombre, incluso antes de conocerlo. No me acuerdo del día en que empezamos a hablar, ni del que se convirtió en colega, pero sí recuerdo el día que empezó a surgir la chispa. Habían pasado un montón de meses sin saber nada el uno del otro, y su mirada para conmigo había cambiado, y sus gestos, y su todo.

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