Swatch se convirtió en la vacuna que frenó la desaparición de la relojería suiza frente al competidor japonés. Solo tuvo que añadirle un nuevo elemento en la toma de decisión del cliente. Además de crear una producción más industrial y mecanizada en el ensamblaje de los relojes (menos operarios, mayor producción e incluso menor numero de componentes por unidad).