Si eres de los que cumplen asiduamente (¡bien!), puedes innovar. Introdúcele los dedos de la mano (de uno en uno y luego todos a la vez) en su vagina mientras le sigues practicando sexo oral. Con la mano restante, acaríciale (o dale suaves pellizcos) en sus pezones o utiliza los dedos para estimular el ano, esa parte repleta de terminaciones nerviosas tan olvidada en las relaciones heterosexuales.