Además, todos los encuestados que tenían una relación estable en el momento del estudio coincidieron en otra afirmación: sus parejas eran «más calientes» durante el invierno. Los resultados, publicados en The Psychology of Human Sexuality, sugieren que la causa mayor de tal impulso sexual residiría en el contraste con el clima. Con el calorcito veraniego se está física y psicológicamente acostumbrado a ver carne, mientras en invierno es mucho más difícil que se muestre la piel, por lo que esto se vuelve mucho más excitante.



















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