Y es que el material escrito por Martin (y adaptado de forma muy acertada por Bienoff y Weiss), pese a no ser literariamente nada del otro mundo, sí puede vanagloriarse de varias cosas. La primera, unos personajes memorables que además evolucionan constantemente, dando lugar a que el espectador se identifique con ellos en algún momento de la trama, metiéndose de lleno en la misma y vibrando hasta la extenuación.