A medida que el monstruo crecía, muchos (cada vez más) actores, directores, productores o guionistas de prestigio provenientes del mundo del cine se apuntaban al carro (Frank Darabont y su The Walking Dead o Martin Scorsese con Boardwalk Empire, por ejemplo) y a la inversa; muchos artistas, aupados por el éxito en la pequeña pantalla, saltaban al cine para revitalizar una industria algo saturada (J.J. Abrams, uno de los creadores de Lost y de Fringe, es el caso más llamativo), pero sin abandonar el medio que les catapultó a la fama.