Series ¿de televisión?

A la tele le debemos tantos buenos ratos que llamarla «caja tonta» sería tan injusto como de ingratos. El problema es que en los últimos años han aparecido ‘cajas’ mucho más listas, como los ordenadores o más recientemente las tablets, que amenazan con enviarla en un futuro no muy lejano al asilo tecnológico. Uno de los indicadores más claros de esta realidad son los hábitos de consumo de las grandes series de TV estadounidenses.

Los espectadores eligen cada día más internet como el canal favorito para descargarse o ver online sus series favoritas, puesto que a la tele suelen llegar tarde y mal. Unas series que en muchos casos tardarán semanas o meses en desembarcar en la pequeña pantalla, en el caso de que alguna cadena apueste por ellas y se haga con sus derechos de emisión.

Y si esto llega a ocurrir, nada le garantiza al sufrido telespectador que pueda ver todos los episodios de la serie en cuestión si lo desea. Las cadenas, enzarzadas en su implacable lucha por la audiencia, no dudarán en eliminarla de la parrilla o en enviarla a la Siberia de las franjas horarias de la madrugada si la producción no alcanza el share previsto.

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