Perfectamente apoyados por una excelente red de secundarios, navegan a través de un Londres que define el tono de la serie en ambos casos. En Sherlock la ciudad es fría, coloreada en azul y gris y ejemplo de modernidad. Luther, por otro lado, deambula por un Londres algo más decadente, oscuro y en el que se palpa el mal que estalla a fogonazos.