Por ese motivo los estadounidenses, al carecer de tradiciones y leyendas estrictamente propias (tras aniquilar y borrar todas las de sus tribus indias, hoy desterradas a míseras reservas), se han empeñado siempre en hacer suyas algunas de las que los inmigrantes que llegaban al país traían consigo. Y hay que reconocerles que en eso tienen cierta habilidad. La fiesta de Halloween, por poner un ejemplo, no es más que un reciclaje de nuestro día de Todos los santos, convertido en un festival de colores, divertido y totalmente desmadrado, cuando originalmente (que se lo digan a nuestros abuelos) era algo más bien triste y siniestro.