La segunda etapa, la de Perafán de Ribera, es mucho más corta (alrededor de 90 kilómetros) pero también bastante más dura. En ella los ciclistas deben ascender por dos volcanes activos (este último año hubo que tomar una ruta alternativa por el peligro que conformaba la actividad volcánica) con una climatología que incluye viento, lluvia y peligro de hipotermia. En ciertas zonas de ascenso de esta etapa los ciclistas incluso se ven obligados a cargar con su propia bici a cuestas.