Aunque suene obvio, no está mal recordar que en el sexo lo más relevante no es a veces el acto en sí. Para hacer más rica la experiencia tienen que entrar en juego nuestros sentidos más instintivos, es decir, el gusto y el olfato, y es ahí donde podemos estimular el deseo de nuestra pareja con encantos personales que quizás no conozca aún.
Si prevés que la cena programada va a acabar en postre, presenta bien el plato. Si acabas de salir del trabajo, pasate un momento por casa. Date una ducha a conciencia y acicala las partes que vas a regalar al paladar de tu acompañante. Vístete con tus mejores galas. Recuerda que un plato servido con cubierta se convierte automáticamente en un producto gourmet.