La retención de líquidos es un problema habitual que se produce cuando el organismo no es capaz de eliminar el líquido sobrante en el que van disueltas las grasas y toxinas producidas por el propio proceso digestivo. El agua que ingerimos (líquida o incluida en los distintos alimentos) además de hidratarnos hace una importantísima función de «arrastre» que limpia el organismo eliminando las sustancias de desecho, todo aquello que ya no es útil.