En realidad, lo que muchos anhelamos es reconocer y amar nuestra parte femenina, conservando lo mejor de nuestra esencia masculina, poseer la sensibilidad del hombre moderno, completar en nosotros mismos la suma de lo mejor de ambos y añadirle la conciencia del Ser y del Estar, en un mundo donde lo humano y lo divino conviven, cada día más, donde las sensaciones y los sentimientos también cuentan.