Al poco tiempo de despegar, Bill empieza a ser objeto del perverso juego psicológico y de la amenaza real que tiene planificada el amenazante pasajero contra la vida de todos los viajeros. El móvil de Bill comienza a ser su pesadilla, un tormento que lo confundirá hasta límites insospechados, pero que no lo desviarán de su obligación como agente.