Intenté ser lo más sincera posible. Yo necesitaba sentir algo más, ese feeling (que no sentía por el) y no estaba segura de querer comprometerme tan pronto con otra persona. Nadie puede obligar al otro a sentir pero su reacción fue decepcionante: primero me acusó de ilusa al decirme que él tampoco estaba enamorado de mí, y a continuación se lamentó de que siempre que encontraba a alguien especial, la otra persona no se atrevía a dar el paso. Algo que he aprendido de esta nueva vida de soltera: el miedo se huele y no es sexy.