Conocí a Pedro hará cosa de un mes, una noche en la que salimos de fiesta con un amigo en común. Desde que me vio, me tuvo en el punto de mira, adulándome y repitiéndome lo maravillosa que era. En sí, el chico no me decía nada, sin embargo, unas cuantas copas de más y la necesidad de atención hicieron que cayera como una boba. La verdad es que el chico me sorprendió muy gratamente con su habilidad con la lengua y acepté quedar más veces con él.