Al llegar me recibieron con una copa de cava y una cena «romántica» repleta de alimentos afrodisíacos. ¡Era físicamente imposible que no subiera la temperatura! La verdad es que me lo pusieron muy fácil, no me puedo quejar de nada. Con el postre empezaron los toqueteos por debajo de la mesa y las miradas lascivas. No sé si fue por culpa de las ostras, de las burbujas del cava, o de las fresas con chocolate, pero nunca me había sentido tan deseada.