“Rápidamente nos dimos cuenta que el lugar aportó un giro de 90 a 180 grados, tener a nuestras parejas teniendo sexo hacía que fuera fácil romper la distancia entre la cámara y perder la posición del lente. Para maximizar nuestras imágenes, teníamos que hablar y decir cosas como, ‘¿Puedes hacer eso; poner sus cabezas hacia la ventana?’ Hablar fue raro al principio, pero supimos que había un momento adecuado para preguntar y un mal momento para hacerlo”.