Las herramientas no estaban listas antes de su investigación; ellos las construyeron, y al hacerlo se dieron a la tarea de distinguir entre el deseo, la seducción y la perturbación que sobrevuelan y empañan la sexualidad de una pareja. El dúo norteamericano entendió muy pronto que bajo ese halo de intimidad no hay un lenguaje preconcebido. Con el desarrollo del documental ellos aprendieron las pausas y los momentos en los que el sexo puede ser dirigido y en cuáles no.