Octavio Paz tuvo una vocecita rondándole en la cabeza por más de 30 años. Con el paso del tiempo, la voz se convirtió en una idea. La idea aguardó al acecho de la página exacta. Y sólo tres años después de haber obtenido el Nobel de Literatura, finalmente miró la luz en el ensayo “La llama doble”. Desde allí aquella voz declaró: