Mención aparte merece lo de la lencería. Creo que no hay hombre en el mundo que se dé cuenta de que llevas un conjunto carísimo de Victoria’s Secret o uno de encaje del malo que encontraste rebuscando en un montón del mercadillo. Vale que en el momento del tema no seáis capaces de ver nada, pero fijaos un poco, que la compramos por vosotros.