Recuerdo a mi primer novio del instituto un día que me corté el pelo. No estoy hablando de «solo las puntas». Pasé de tenerlo por la mitad de la espalda a llevar una melena por encima de la nuca. Tuvieron que venir cuatro personas de clase diferentes a decirme «te queda muy bien el nuevo look» para que me dijera «ah, que te has cortado el pelo. Ya decía yo que te veía rara».