Entre la mezcla de estilos, la excelencia de la sastrería y la puesta en escena (con mesa de casino incluida), el desfile resultó de lo más original. Cuadros y rayas diplomáticas se repitieron y reinventaron, siempre con aires retro pero adaptados al estilo actual. Los trajes de tres piezas fueron los protagonistas, que se vieron principalmente en tonos marrones y grises, perfectos para un auténtico gentleman moderno de ciudad.