La Polinesia Francesa es capaz de mostrarnos y deslumbrarnos con estos ingredientes de indescriptible belleza terrenal, pero tranquilos, lo del pecado por no visitarla no conlleva ningún castigo tangible, sólo una incalculable deuda con nuestros sentidos, con nuestra alma, con nuestro espíritu, con nuestra capacidad de asombro y de sentirnos imbuidos en el paraíso sobre la tierra.