Esto causó estupor entre la población, que no entendía esa nomenclatura y entraba en pánico por la información confusa aparecida en la prensa. Finalmente, la Oficina Meteorológica de Estados Unidos, precursora del actual Servicio Nacional Metereológico, tuvo que rendirse y adoptar en 1953 como oficial esta idea de poner nombres de mujer a los huracanes y tormentas tropicales para que fuera más sencillo informar a la población de ellos por aquello de que es muy fácil recordar un nombre de persona. Eso sí, un año después, en 1954, empezaron a llegar las primeras críticas. ¿No era un poco machista usar solo nombres femeninos para fenómenos que causaban cada año miles de víctimas?
BOB, el primero de todos
A pesar de la pequeña polémica, nada cambió hasta la década de los 70 cuando una mujer llamada Roxcy Bolton, vicepresidenta de la Organización Nacional de la Mujer, pidió al Servicio Nacional de Meteorología cambiar formalmente esta práctica y sugiriendo que, en su lugar, pusieran el nombre de los senadores que se oponían a su propuesta. En 1979 por fin consiguieron el cambio: Bob fue el primer huracán con nombre masculino de la historia.