Varias décadas después de la invención de este método, en 1941, un escritor estadounidense llamado George R. Stewart se publicó Tormenta, novela en la que uno de sus personajes estaba inspirado en Wragge, concretamente el de un meteorólogo que ponía el nombre de sus exnovias a las tormentas del Pacífico. El libro fue todo un bestseller dentro del ejército americano, hasta tal punto que los meteorólogos militares empezaron también a nombrar extraoficialmente a los huracanes con el nombre de sus antiguas conquistas. Sistema que poco a poco fue extendiéndose entre los profesionales encargados de predecir el tiempo y que empezó a hacerse público en el verano de 1950, cuando la formación de una serie de huracanes simultáneos en la costa atlántica llamó la atención de la prensa, que comenzó a informar de ello haciendo uso de los nombres femeninos que les habían dado los meteorólogos militares.