Pronto se dieron cuenta que el nervio que estaban estimulando con las descargas, el nervio tibial, está conectado al ciático. Este recorre desde el pie hasta la pelvis, y su estimulación aumenta el suministro de sangre y, por tanto, la excitación. Los investigadores aseguran que no se trata de una descarga eléctrica dolorosa, si no más bien de un hormigueo.



















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