Ahora, si bien, como mencionamos ya, el genio es íntimo amigo de la libertad del ser, utilizar esa libertad para configurar un ritual creativo propio y consistente parece, aunque paradójicamente, una de las mejores maneras de ejercerla. En este sentido, Flaubert advertía: «sé regular y ordenado en tu vida, para que así puedas ser violento y original en tu obra».