El flujo individual, es decir nuestro camino de vida, está obviamente asociado con las decisiones que vamos tomando a lo largo de nuestra existencia. Y entre éstas la forma en la que decidimos usar nuestro tiempo, es decir cómo repartimos de manera habitual nuestro tiempo y energía entre los distintos rubros de nuestra vida, representa una decisión determinante para los resultados que obtenemos. Basta recordar el popular adagio que reza «el hábito hace al monje» para dimensionar o reflexionar sobre la importancia de nuestras rutinas cotidianas, las cuáles a fin de cuentas van dando forma a nuestra existencia.