Esta contraseña se denomina “clave maestra”; debe ser compleja pero fácil de recordar, y debe archivarse en nuestra mente como el mismísimo D.N.I. Tendemos a creer que la efectividad con la que nuestro navegador guarda y reproduce nuestras claves es suficiente. Sin embargo, si cambiamos de navegador, si un virus nos lo daña, o nuestro móvil y tablet tienen otro, nuestras claves desaparecerán y el acceso a nuestros sitios de más utilidad será un espejismo.