Lo primero fue el glosario de términos. En el negocio, todo el mundo comienza siendo una sumisa (sub, en la jerga de los calabozos sexuales de Los Ángeles). Son aquellas que aceptan al ‘Amo’ como su dueño, como si fuera de su propiedad, y durante la sesión están a disposición de lo que al cliente le plazca. A dominatrix, ataviadas con botas de tacón de aguja y mono negro y ceñido de cuero o látex, solo llegan las mejores. Hay que conocer con profundidad los secretos escondidos tras los fetichismos, las fustas y látigos. Para alcanzar el puesto de ‘switch’ -capaz de ponerse en las botas tanto de una sub como una dominatrix- tuvo que estudiar (sí, estudiar), leer libros, practicar con compañeros y atender a clases.